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Después de presentar "13:40", Luisa Fernanda continúa avanzando en la trilogía musical con la que ha decidido explorar las diferentes etapas del amor. La joven cantautora colombiana, nacida en Barranquilla y afincada en Madrid desde 2025, presenta ahora "2:22", un segundo capítulo en el que cambia la perspectiva para adentrarse en el desamor desde una mirada empoderadora. Compuesta por la propia artista, la canción habla de una historia personal, de las heridas que deja una relación y, sobre todo, del aprendizaje que permanece cuando una persona decide seguir adelante.

Musicalmente, "2:22" amplía el universo de Luisa Fernanda al fusionar la cumbia mexicana con la personalidad del acordeón colombiano, creando una mezcla de referencias latinoamericanas en la que también está presente la calidez de sus raíces caribeñas. El videoclip traslada parte de esta historia a las calles de Madrid, una ciudad que se convierte en escenario y acompañante de una mujer que, pese a lo vivido, continúa caminando libre y feliz. Hablamos con Luisa Fernanda sobre sus comienzos, la evolución de su proyecto, el significado de "2:22", sus influencias y las personas que están acompañándola en este nuevo camino.

Naciste en Barranquilla y desde muy joven has estado vinculada a la música, hasta convertirte en cantautora y formarte profesionalmente en este ámbito. ¿Qué recuerdas de tus primeros pasos y en qué momento sentiste que la música podía convertirse realmente en tu camino de vida?

Recuerdo que la música en mi casa no era solo una afición, era la forma en que nos comunicábamos y celebrábamos la vida. Barranquilla es una ciudad que se respira a través del ritmo, y desde muy pequeña me vi fascinada por cómo una melodía podía cambiar el estado de ánimo de una persona. El momento en que entendí que este sería mi camino de vida fue cuando escribí mis primeras canciones y me di cuenta de que no solo estaba expresando mis emociones, sino que las personas que las escuchaban se sentían identificadas. Ahí supe que la música no era una opción, sino mi verdadera vocación.

Tu formación universitaria como música y especialista en lengua y literatura te proporciona dos herramientas muy relacionadas con la composición: el conocimiento musical y el dominio de las palabras. ¿Cómo se encuentran ambas facetas cuando te sientas a escribir una canción?

Para mí son dos caras de la misma moneda. La literatura me enseñó la importancia del detalle, la métrica, la imagen poética y el peso exacto que tiene cada palabra; la música le da el canal emocional y el ritmo para que esas palabras cobren vida. Cuando compongo, busco que la letra pueda sostenerse con la misma fuerza que la armonía, tratando de que la precisión literaria potencie la intuición y la sensibilidad musical.

"13:40" fue tu carta de presentación y ahora llega "2:22", el segundo capítulo de una trilogía dedicada a las diferentes fases del amor. ¿Qué querías contar en esta segunda parte que necesitabas dejar después de la historia de "13:40"?

Después de "13:40", donde le cantaba a la ilusión y al inicio idealizado de un vínculo, necesitaba explorar lo que sucede cuando esa ilusión se rompe. "2:22" nace de la necesidad de cerrar un ciclo con dignidad. Quería mostrar que el final de una historia no siempre tiene que contarse desde la rabia o el resentimiento, sino desde la aceptación, el agradecimiento por lo vivido y el reconocimiento de la propia valía.

Si "13:40" hablaba del amor correspondido y de ese momento de ilusión en el que todo parece comenzar, "2:22" nos lleva al territorio del desamor. ¿Qué te interesaba explorar de esa otra cara del amor y por qué decidiste hacerlo desde una perspectiva de fortaleza y empoderamiento?

Me interesaba mostrar que el desamor no es solo dolor o ruina; también es un espejo donde te encuentras a ti misma. Elegí la fortaleza y el empoderamiento porque quería romper con la narrativa de la víctima. Cuando una relación termina, uno puede elegir quedarse en el lamento o usar esa experiencia para reafirmar quién es y qué merece. "2:22" es un recordatorio de que soltar a alguien no es perder, a veces es la mayor victoria.

En "2:22" agradeces a una persona del pasado los aprendizajes que te dejó, pero al mismo tiempo muestras cierta sorpresa ante una marcha que no esperabas. ¿Qué descubriste sobre ti misma al transformar una experiencia tan personal en una canción?

Descubrí que tengo una capacidad de resiliencia mucho mayor de la que imaginaba. Transformar un momento de desconcierto o dolor en arte fue un proceso muy sanador. Entendí que aunque no siempre podemos controlar la salida de alguien de nuestra vida, sí podemos decidir cómo procesamos su ausencia y qué nos quedamos de esa lección.

El título continúa jugando con las horas del reloj, después de "13:40". ¿Qué significado tienen para ti estos momentos concretos y cómo se relacionan con la historia que quieres contar a través de esta trilogía?

Las horas de los títulos representan momentos específicos que quedaron grabados en la memoria, instantes congelados en el tiempo que marcan un antes y un despues en la historia emocional de una persona. A través de la trilogía, el reloj actúa como un hilo conductor que muestra la evolución de un sentimiento: desde el pleno día de la ilusión ("13:40"), pasando por la madrugada de la revelación y el duelo ("2:22"), hasta llegar al desenlace.

Musicalmente has apostado por la cumbia mexicana fusionada con el acordeón colombiano. ¿Qué te llevó a unir estos dos universos y qué querías conseguir emocionalmente con esa mezcla de sonidos latinoamericanos?

Quería unir la nostalgia y el sabor de mi tierra a través del acordeón colombiano con la cadencia y la fuerza bailable de la cumbia mexicana. Emocionalmente, esta mezcla crea un contraste muy poderoso: le canto al desamor pero con un ritmo que te invita a moverte. Es una forma de decir que, aunque estés sanando por dentro, la vida sigue y la tristeza también se puede bailar y liberar.

Tu música también está muy marcada por tus raíces de Barranquilla y por esa conexión con el Caribe. Ahora que vives en Madrid, ¿cómo ha cambiado tu manera de entender o expresar esas raíces y qué parte de Colombia sigue estando presente en todo lo que haces?

Distanciarme físicamente de mi tierra me hizo reconectar con mis raíces desde un lugar mucho más consciente y nostálgico. Colombia está presente en mi calidez, en la forma en que interpreto y en la alegría de mi música. Madrid me ha dado perspectiva y apertura, pero Barranquilla es la raíz de mi sonido; vivir fuera solo ha hecho que valore y defienda aún más mi identidad caribeña.

Madrid tiene un papel muy especial en el videoclip de "2:22", hasta convertirse prácticamente en un personaje más de la historia. ¿Qué significa para ti esta ciudad después de haberte instalado aquí y por qué sentiste que sus calles eran el escenario adecuado para contar esta historia?

Madrid ha sido el escenario de mi redescubrimiento personal y artístico. Sus calles tienen una mezcla única de melancolía y vida latente. Sentí que era el escenario perfecto porque representaba mi presente: un espacio donde pude caminar en soledad pero sintiéndome plena, convirtiendo el espacio de la ciudad en un testigo silencioso de mi reconstrucción.

Hay una imagen muy poderosa en el concepto del videoclip: después de una ruptura, tú continúas caminando por Madrid libre y feliz. ¿Qué significa para ti esa libertad y qué mensaje te gustaría transmitir a quienes hayan vivido una situación de desamor similar?

Esa libertad significa volver a ser dueña de mi tiempo, de mis pasos y de mi historia. El mensaje que quiero transmitir es que el fin de una relación no es el fin del mundo, sino el inicio del reencuentro contigo misma. Se puede atravesar un desamor con la frente en alto, disfrutando de tu propia compañía y sabiendo que tu felicidad no depende de la presencia de nadie más.

Tus influencias incluyen artistas como Kany García, Yami Safdie, Ha*Ash o Jesse & Joy, todos ellos muy vinculados a la canción de autor y a la capacidad de contar historias desde la emoción. ¿Qué has aprendido de tus referentes y qué elementos de esas influencias intentas llevar a tu propia identidad?

De ellas he aprendido la importancia de la honestidad narrativa y la vulnerabilidad. Admiro cómo logran hacer que historias profundamente personales se sientan universales. Intento llevar a mi proyecto esa misma cercanía al contar las cosas, combinándola con mi propio lenguaje, mi formación literaria y los ritmos latinoamericanos que me identifican.

Como compositora, convertir una experiencia personal en una canción implica exponerse emocionalmente ante personas que quizá no conocen la historia que hay detrás. ¿Te resulta difícil mostrar esa parte más vulnerable de ti o has aprendido a utilizarla como una herramienta para conectar con el público?

Al principio da vértigo exponerte, pero he aprendido que la vulnerabilidad no es debilidad, es el puente más honesto hacia el público. Cuando te atreves a contar tu verdad sin filtros, la gente no solo escucha tu historia, sino que la hace suya. Para mí ha dejado de ser una exposición intimidante para convertirse en mi mejor canal de conexión humana y artística.

Desde tu llegada a Madrid también estás estudiando un máster en Estudios Sonoros e Industria Musical. ¿Cómo está influyendo esta nueva etapa académica y personal en la artista que estás construyendo y en la manera en que entiendes actualmente la industria musical?

Esta etapa académica ha sido clave para entender la música desde una perspectiva integral. No solo compongo y canto desde la intuición o la emoción, sino que ahora entiendo las dinámicas de la industria, la importancia del sonido y la producción estratégica. Me ha dado una visión mucho más profesional y analítica sobre mi proyecto, ayudándome a tomar decisiones más conscientes sobre mi carrera.

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A medida que tu proyecto crece también lo hace la comunidad de personas que descubren y siguen tus canciones. ¿Qué significan tus fans para ti y qué relación te gustaría construir con ellos mientras continúas desarrollando esta trilogía y tu carrera musical?

Para mí no son solo oyentes; son la razón de ser de lo que hago. Saber que alguien encuentra refugio o empoderamiento en mis canciones es el regalo más grande. Quiero construir una relación de absoluta cercanía y complicidad, un espacio donde compartamos historias reales y donde sientan que caminamos juntos a través de cada fase de este viaje.

"2:22" es el segundo capítulo y todavía queda una tercera canción para completar esta historia sobre las diferentes fases del amor. ¿Qué puedes adelantarnos de ese último capítulo y qué te gustaría que el público hubiera descubierto de Luisa Fernanda cuando escuche la trilogía completa?

Del tercer capítulo solo puedo adelantarles que será el cierre perfecto para este proceso: la luz al final del túnel y la verdadera integración del aprendizaje. Me gustaría que cuando la gente escuche la trilogía completa descubra a una Luisa Fernanda auténtica, versátil, madura y capaz de convertir cualquier emoción en un concepto musical sólido con el que cualquiera pueda identificarse.

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