
Con Estafa Piramidal, Tigre y Diamante firman un disco que golpea y acaricia a partes iguales. Once canciones que tensan el músculo punk del grupo mientras dejan aflorar una fragilidad nueva, más pop y más expuesta, sin perder el filo ni el lenguaje crudo que los define. Entre humor negro, poesía sucia y escenas incómodamente reconocibles, la banda parece mirarse de frente y acompañar al oyente por un territorio emocional áspero, pero honesto. Este álbum no busca respuestas ni finales felices, sino permanecer en la herida el tiempo necesario para entenderla.
Estafa Piramidal suena a un disco de madurez, pero también de riesgo. ¿En qué momento sentisteis que este álbum os pedía ir un paso más allá de lo que ya habíais hecho, tanto emocional como musicalmente?
Alex: Es una cuestión de comunión y complicidad. Llevamos ya bastante tiempo tocando juntos en la actual formación, y además este es el segundo disco que grabamos con Pablo Martínez en su estudio, OVNI. Es decir, que ya está bastante engrasado el proceso de que salte un chispazo en la cabeza de Jon y se convierta en una canción terminada, con los espacios bastante bien definidos. Creo que en ese sentido, aparte de la autoría de las letras de Jon (que es lo más evidente), nos deja a todos los demás un lugar para expresarnos. Si percibes que hemos ido un paso más allá emocional y musicalmente es que estamos un poco más cerca de la verdad más cruda.
Musicalmente el disco mantiene las guitarras secas, pero suma capas y construye un muro sónico donde aparece una fragilidad pop inédita en vosotros. ¿Qué os permitió sentiros cómodos mostrando esa vulnerabilidad sin perder identidad?
Iker Glez: La idea fue aguantar las guitarras para dar solidez y dejar que los sintes acabasen de armar el sonido, fomentando también el diálogo entre esas texturas, eso nos da más libertad para acercarnos a esos sonidos que apuntas.
El álbum es muy diverso, casi poliédrico, pero mantiene una coherencia muy clara. ¿Cómo fue el proceso de ordenar las canciones para que convivieran escenas tan distintas dentro de un mismo relato emocional?
Jon: Nos encontramos más con un problema técnico. Es decir, yo tenía el orden my claro, pero también hay que pensar en la parte digamos comercia y en la técnica por tema de encajar las canciones coherentemente en el vinilo…
“Palomas entre halcones” plantea una escena casi cinematográfica, donde la amenaza está siempre latente. ¿Qué os interesa de ese tipo de narrativas en las que aparentemente no pasa nada, pero todo está a punto de romperse?
Iker Glez: Así es la vida ¿no? parece que casi nunca sucede nada relatable pero en cualquier momento puede saltar todo por los aires. La vida es una pareja jugando al mikado en la trayectoria de una pandilla de imbéciles en plena despedida de solteros, totalmente ebrios, llenos de vida.
En “Amanecer en la playa” habláis de rutinas que se quiebran y recuerdos que siguen tensando el presente. ¿Qué papel juega la memoria en vuestras canciones y cómo decidís qué recuerdos merecen convertirse en canción?
Jon: No se decide, de repente son una canción… demasiadas grietas en la rutina, demasiados conflictos…
“Los asesinos de tus hijos” utiliza una imagen muy brutal para criticar la cultura popular sin caer en consignas. ¿Os resulta más efectivo el símbolo incómodo que el mensaje explícito a la hora de hacer crítica política?
Alex: Una canción o un disco no deja de ser una conversación. Tú la escribes, la tocas, la grabas y dices: «Toma, ahora es tuya.» Es el público quien recorre el resto del camino y completa la tarea. Creemos que, en ese sentido, esa canción y muchas otras del disco tienen todos los ingredientes de nuestra cosecha, pero con el aire suficiente para que pienses por ti mismo. Eso es lo que más nos gusta encontrarnos cuando escuchamos artistas, desde luego.
“Albino busca sexo” se mueve entre la provocación y una ternura torcida, retratando personajes al límite. ¿Qué os atrae de esos personajes que parecen a punto de romperse, pero siguen avanzando?
Alex: Ese antihéroe probablemente esté presente en todos nosotros. Nos gusta pensar que todo el mundo tiene su pedrada, su vulnerabilidad, su rincón de humanidad, y es un sitio a donde nos gusta ir a buscar personajes.
“Minutos musicales” introduce un tono más introspectivo. ¿Sentís que este disco os ha permitido mirar más hacia dentro que en trabajos anteriores?
Jon: al llegar con las canciones muy claras, sobre todo hacia donde queríamos dirigirlas. Las letras en general son más introspectivas en este álbum
“Soy adicto”, con Nacho Vegas e Igor Paskual, es uno de los momentos más crudos del álbum. La canción enumera impulsos que normalmente se esconden. ¿Qué os removió más al escribirla y compartirla con otros artistas tan ligados a ese tipo de honestidad brutal?
Iker Glez: Tanto Igor como Nacho son personas muy cercanas al imaginario de Tigre y Diamante y siempre agradecen que nos desnudemos para ellos, no ha sido difícil.
En “Quieres ser mi amigo” mezcláis humor negro con un trasfondo emocional muy incómodo. ¿Por qué creéis que a veces el humor es la mejor forma de hablar de vínculos que duelen?
Alex: Somos asturianos. La relación con el humor es algo innato, aunque también muy límite: hay gente de otras latitudes que, cuando oye a dos asturianos saludarse, no sabe si están a punto de abrazarse o de liarse a tortazos. Es un recurso que siempre ha estado muy presente en Tigre y Diamante, pero que en este disco está algo más matizado que en trabajos anteriores.
“Represalias químicas” transforma un paisaje bucólico en algo perturbador. ¿Os interesa especialmente desmontar la idea del refugio y mostrar que incluso lo bello puede devolvernos imágenes duras?
Iker Glez: Y al revés, lo de Chernóbil al final dio una buena serie de HBO.
Varias canciones hablan de desgaste sentimental, del paso del tiempo y de una resignación que duele más que la ruptura. ¿Creéis que este disco refleja una relación distinta con el desencanto respecto a vuestros trabajos anteriores?
Alex: No es nada fácil mirar hacia adentro, hurgar en lo que te da miedo y vergüenza y que no te gusta de ti, y ponerlo ahí, encima de la mesa. Quizás en trabajos anteriores se hacía algo más de recurso a la ironía para afrontar ese desencanto, y aquí hayamos mirado más al demonio de frente.
“Contigo”, junto a Milana Bonita, es quizá el momento más pop del disco. ¿Qué os aportó esta colaboración para mostrar esa nueva sensibilidad que atraviesa el álbum?
jon: compuse esta canción en el local de Milana Bonita, fue muy divertido y funciona muy bien como un juego amor / odio...
Después de Estafa Piramidal, Tigre y Diamante parecen más expuestos, pero también más firmes en su lenguaje. ¿Qué os gustaría que se llevara el oyente al terminar el disco, aunque sea solo una sensación incómoda o una herida compartida?
Alex: Que forme parte de su memoria, de lo que tiene en la punta de la lengua y de los auriculares cuando necesita pasar un rato con unos buenos amigos. A veces esos amigos te llevan de fiesta hasta que se haga de día, y a veces te sientan a decirte alguna verdad que no te gustaría escuchar…






